FELICIDADES, CAMPEONES

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Hace unos días asistimos a la entrega de los premios que todos los años otorga la Junta de Castilla y León al fomento de la Economía Social y el Cooperativismo.  Uno de ellos reconoció el mérito de haber hecho posible algo inaudito en nuestra tierra, que muchas personas con discapacidad intelectual estén ganándose la vida con su trabajo.

Quizá a los más jóvenes les sorprenda esta afirmación porque no vivieron los tiempos en los que a estas personas se les consideraba incapaces de realizar un trabajo productivo e integrarse en las empresas. Fue en la década de los ochenta cuando vieron la luz dos mecanismos básicos que permitieron transformar la situación: un marco normativo específico para trabajadores con discapacidad  y una línea de incentivos económicos al emprendimiento.

Así, las primeras iniciativas de empleo empezaron a surgir de la mano de entidades y movimientos sociales de la discapacidad, generándose rápidamente oportunidades que demostraban algo fundamental:

  • Que las personas con discapacidad intelectual se ven a sí mismas capaces de realizar un trabajo productivo y se sienten útiles, mejorando su dignidad y autoestima.
  • Que el mundo de la empresa descubre una nueva fuerza de trabajo, que no merma su productividad y le ayuda a mejorar su imagen y rasgos de humanidad.
  • Que la sociedad logra rescatar a personas que con su trabajo no sólo dejan de ser gravosos sino que pasan a ser contribuyentes netos.

Esta es en síntesis la aportación que fue objeto del aludido reconocimiento y que se soporta actualmente en una nómina de varios miles trabajadores con discapacidad en Castilla y León. Todo ello en el marco de la Economía Social, compatibilizando crecimiento empresarial y desarrollo personal.

Sin embargo quedan todavía muchas personas a las que no les ha llegado la oportunidad de hacer del trabajo un motor de su propia vida; una vida nueva que requerirá de apoyos adecuados hasta que logren gestionarla de forma autónoma. Afortunadamente, la evidencia dice que es posible llevarlo a la práctica y disminuir el número de personas con discapacidad que aún están fuera del circuito del empleo.

Para ello sigue siendo imprescindible el apoyo público, incluso el económico, y la gestión activa de oportunidades, reforzando y estableciendo nuevos puentes de colaboración entre todas las familias de la Economía Social (cooperativas, sociedades anónimas laborales, empresas de inserción y centros especiales de empleo). Posiblemente, para poder encarar el futuro con éxito, haya llegado la hora de superar la legendaria atomización que desde lejos ha caracterizado a este sector y buscar nuevos horizontes de colaboración y progreso.

Felicitaciones a las todas las personas, al entorno de la discapacidad y en especial de la discapacidad intelectual (Plena Inclusión, Feacem, Fundación Personas, Grupo Lince Asprona). Sabed que no estáis solos y que seguiréis siendo unos ¡Campeones!

Lorenzo González Torres, galardonado con los Premios CyL 2017 de Economía Social

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